lunes, 25 de febrero de 2008

De la difusión gastronómica


Resulta interesante observar cómo se difunde una cultura gastronómica. Recuerdo que hace ya tres décadas me sorprendía encontrar en muchos restaurantes de las carreteras del centro del país los abrillantados y otros especímenes de la variada dulcería andina. Reparaba en su identificación comercial y admiraba que proviniesen de localidades tan lejanas como San Cristóbal, Ureña o Mérida.

Hoy, viajando a San Carlos, en el Estado Cojedes, he vuelto a pensar en los resortes que moverán a algunos comerciantes a ofrecer en lugares improbables unos productos poco o nada conocidos en esas regiones. El caso es que en el trayecto de Acarigua a San Rafael de Onoto se topa uno con varios puestos de venta de productos típicos larenses como quesos de cabra, suero, crema de leche, acemas tocuyanas y cocuy, algunos de factura artesanal y otros de conocidas marcas comerciales.

¿Qué habrá sido primero?: ¿El interés de pobladores de la zona que en el curso de sus viajes lograron conocer y gustar de aquellos productos o el afán comercial de algunos emprendedores audaces que decidieron apostar a ofrecer las bondades de unos productos en cuyo atractivo confiaban?

La difusión de una cultura gastronómica sin duda está llena de miles de ejemplos anónimos como estos.